La Enfermedad de la Realidad

La Enfermedad de la Realidad

“Lo peor de la peste no es que mata los cuerpos, sino que desnuda las almas y ese espectáculo suele ser horroroso” (A. Camus)

Ya desde siglos pasados se venían anunciando pestes que cambiarían al hombre y su sociedad, el Caso de Tucídides en Historia de la guerra del Peloponeso (Atenas año 431) o basta haber leído La Peste de Albert Camus o la Divina Comedia de Dante Alighieri o haber escuchado al magnate Bill Gates, quien en una charla TED en el año 2015, predijo que, en caso de presentarse una nueva epidemia, los países no estaban preparados para prevenirla, o lo narrado por Vargas Llosa en su libro Bocaccio en Escena. Acordes en expresar que al momento de presentarse una peste o epidemia el ser humano ni la sociedad están preparados para combatirla, pero lo más seguro es que afecta la manera como el ser humano convive.

Y en verdad a ello nos enfrentamos en este momento, una enfermedad desconocida por sus consecuencias, su alto índice de mortalidad, pero lo más peligroso, requiere del concurso del ser humano para evitar su contagio, pero ni a ello estamos acostumbrados. Por otro lado, el sistema económico cambió a nivel mundial, subieron y bajaron los precios de productos en los que se sustenta el dólar y otras monedas, se encarecieron los productos e insumos médicos, y a partir de ese momento la incertidumbre comenzó a rondar nuestras vidas.

Es necesario que todo esto suceda, para despertar y evolucionar desde la conciencia, pues se vienen cambios de paradigmas, aquello que era normal ya no lo es; lo que está pasando debió haber pasado en otro mundo, pero no, este fue el momento que nos tocó.

La vida no volverá a ser como antes, claro, todo aquello que afecte nuestro estado de confort es indicador que debemos comenzar a sintetizar la palabra RESILIENCIA, esto es, esa capacidad que tiene el hombre de sobreponerse a cualquier situación crítica, y adaptarse a lo inesperado. En verdad, esas circunstancias difíciles permiten desarrollar actitudes y aptitudes que estaban latentes, pero que el individuo desconocía hasta ahora. ¿De ahí, que el preguntarnos del porqué ocurrió ello, podemos crecer o evolucionar? Genera entonces, la afectación a la realidad a la que estamos acostumbrados, a unos nuevos conflictos, una crisis y un caos, y es precisamente a esto a lo que nos tenemos que enfrentar (pestes, epidemias), reconocer que a pesar de ser un fenómeno físico afecta de alguna manera nuestra psique. El mirar hacia adentro nos lleva conocer el interior, sanar viejas heridas y en especial cuestionar nuestras creencias.

Vemos que hay que desintoxicar el cuerpo físico afectado por el consumismo, lo social y madurando un EGO que no permite identificarnos con lo que somos y conectarnos con el SER. De ahí, que el desarrollo de la autoestima es llave importante para cultivar la confianza, utilizar los recursos para cuando los necesitemos, pero en especial reconocer nuestra inteligencia emocional y social; pues de esta saldremos más maduros y más conscientes no solo con el ser humano sino con la sociedad de la cual hacemos parte.

Algo que se viene a la mente no solo antes ni después de la pandemia, se refiere al ser dueño de nuestras mentes y controlar las emociones, ese conocer y abrazar la incertidumbre y adoptar ese cambio permanente de alejarnos de la zona de confort, pues ese caos lleva a la búsqueda de soluciones inmediatas, como también a corto y largo plazo.

Lo que si es cierto, es que esta experiencia no solo de autocontrol, de encierro o cuarentena impuesta o voluntaria, nos llama a invertir en nosotros mismos, a aprender y desaprender y a revolucionarnos frente a lo que ha significado esa experiencia;  a mejorar esas cosas que sabíamos que teníamos pero al mismo tiempo a animarnos a entender que si bien es cierto ello ha generado caos, también lo es que ello permite un renacimiento de la estructura del hombre dentro de la sociedad globalizada.

Lo que sí es verdad, es que el mundo que conocemos no va a ser el mismo, de alguna manera este cambió; el sufrir y el lamentarnos ya no sirve para nada pues o innovamos o cambiamos o sucumbimos; el evaluarnos es necesario pues el solo mirar hacia nuestro interior tuvo sus efectos, los cuales aceptamos o rechazamos; pero lo más importante es que esta crisis hizo lo que la naturaleza del hombre quería que hiciera, y es reconocer la necesidad de una higiene mental, el controlar los pensamientos pero también mejorar nuestro léxico pues esa sana convivencia nos volvió impecables con las palabras por aquello del vivir y el compartir, pero también el reconocer al otro como ser humano.

Diego Mario Zuluaga

Lic. Filosofia y Letras. USTA y Facilitador del Infecoop

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